
Asentada entre las colinas de viñedos del famoso vino rosso, Castellina es una ciudad de poco más de tres mil habitantes, que se abarca fácilmente en un corto paseo. Me llamó especialmente la atención Via delle Volte, un pasadizo cubierto con bóveda de cañón y de origen medieval, donde se sitúan rústicas vinerías, algunas aún con pintorescas bodegas donde se continúa la tradición antiquísima de la elaboración del vino; los etruscos ya lo producían en toda la zona del Chianti.
Finalizando la tarde, el campo fue tomando un mágico color azul grisáceo; ese tono de cuando aún se divisa algo de luz poco antes de anochecer. El olor a hierba y a tierra húmeda de los campos recién regados invadía la atmósfera.
En la radio sonaba música italiana de Zuchero, “Seamos fuego en el cielo, escándalo en lo oscuro…, baila, baila morenaa, sotto questa luna piena…”.
Texto e imágenes: © Beni Aguiló toscanaenmijardin.com
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